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02 de febrero de 2013 • 10:24 AM • actualizado a las 11:46 AM

El Superdome, del horror al Super Bowl

El Superdome vuelve a recibir un Super Bowl, el primero después de la tragedia de Katrina.
Foto: Getty Images

Así como París tiene su torre Eiffel y New York tiene su Empire State, de la misma manera que Buenos Aires tiene su Obelisco y Río tiene su Cristo Redentor en el cerro del Corcovado. Hay una mole de cemento con alma propia que sobresale entre el jazz, el vudú y el French Quarter con su Bourbon Street; una obra maestra de ingeniería que se mezcla con los viejos edificios del centro de la ciudad, los recuerdos tristes del huracán Katrina y la algarabía contagiosa del Mardi Gras.

Es fácil distinguirlo entre los edificios que mantienen la huella indeleble de españoles y franceses en la zona histórica, es imposible no verlo, está justo al lado de la autopista principal que da la entrada a la ciudad, muy cerca de la zona vieja de bodegas y turismo.

Allí se mantiene incólume, el Superdome de New Orleans. Símbolo de la fortaleza de la ciudad más festiva de los Estados Unidos.

El Superdome es un monstruo de 207 metros de diámetro por 77 de alto, construido sobre el viejo cementerio de la calle Girod, tuvo un costo de 134 millones de dólares y se abrió al público el 3 de agosto de 1975.

David Dixon, uno de los hijos ilustres de la ciudad, convenció al entonces gobernador del estado de Louisiana, John McKeithen para edificar el domo; Dixon, además de ser el padre del Superdome, es también el fundador de los Saints, la franquicia de la NFL de New Orleans.

Aparte de ser un inmueble adelantado a su época, de recibir conciertos de grandes artistas y de albergar las tristezas y derrotas de los Saints durante décadas, el Superdome no había alcanzado la connotación mítica que llegaría en agosto del 2005.

El huracán Katrina, el más destructivo de la historia de los Estados Unidos, generó pérdidas materiales por 108 millardos de dólares, Katrina le quitó la vida a 1.833 personas confirmadas y arrasó en una noche con los sueños de una ciudad que curiosamente vive por debajo del nivel del mar, a expensas de las aguas furiosas del Golfo de México, y además está rodeada por el majestuoso río Mississippi y el gran lago Pontchartrain.

Muy pronto, en sólo meses, el Superdome se convirtió en el símbolo de la tragedia y resurgimiento.

Fue el escenario que mayor cantidad de damnificados albergó después de la gran inundación, su techo agrietado y los rayos de luz penetrando al interior, amenazando su estabilidad y la de los miles de seres humanos que vivían la pesadilla de sus vidas, recorrió rápidamente el mundo entero y el domo pasó de ser la casa de los Saints a convertirse en la roca sólida que soportó la tempestad y le permitió a sus ciudadanos levantarse para seguir caminando.

Parece mentira que hace apenas siete años, esta ciudad por la que hoy camino y vibra pletórica en cada esquina del Warehouse District, del riverwalk, del downtown, estaba ahogada bajo las aguas de la catástrofe.

Se dijeron muchas cosas durante los meses en los que el Superdome albergó a los ciudadanos sin fortuna, hubo acusaciones de robo, violación e incluso la muerte de una menor de edad, sin embargo al día de hoy, ninguna de esas acusaciones ha sido comprobada y pasaron a hacer parte del libro de leyendas urbanas de una ciudad muy parecida a una de las que describe García Márquez en su realismo mágico.

Los ciudadanos de New Orleans se lanzaron en una cruzada por salvar su franquicia de la NFL y el Superdome, ambos estuvieron a un paso de desaparecer después de la tragedia.

Muchos pensaron que los Saints estarían mejor en una nueva ciudad y algunos ingenieros de prestigio recomendaron demoler el inmueble, sin embargo Tom Benson, otro de los hijos amados de New Orleans, se puso al frente de la cruzada para salvar al equipo de su propiedad y al domo que ya era todo un símbolo de la reconstrucción.

Benson ya había salvado a los Saints cuando los compró en su peor momento en 1985 y apeló a todo su poder y sus amigos para que su equipo se quedara no sólo en New Orleans, sino en su estadio.

Fue un plan maestro que llegó a su momento cumbre el 25 de septiembre del 2006, apenas un año después de la tragedia. Esa noche de lunes, los Saints regresaron a su remodelada casa - después de 193 millones de dólares que se utilizaron para regresarlo a la vida - y vencieron de forma aplastante a su rival divisional más enconado, los Atlanta Falcons.

Aquella noche estuvieron U2, Spike Lee, el ex presidente George Bush y 76.468 almas que representaban a los 1.800 muertos y sus familias, y a todos esos hombres y mujeres que nadaron sobre las aguas mortales de Katrina.

Ese partido sobre esa cancha de césped artificial selló la reconstrucción de New Orleans, fue la firma del regreso de la ciudad a la normalidad, una vez más estaban en el camino correcto hacia la normalización de la cotidianidad.

Faltaba mucho por hacer, estaba claro, una obra de ingeniería y un partido de fútbol no solucionaban todo el dolor, la pobreza, la descomposición social y la ausencia de oportunidades que había dejado Katrina a su paso.

Pero el hecho de haber visto un año atrás a miles de personas en una escena que se asemejaba más a un campo de refugiados de guerra en África que a una ciudad tradicional estadounidense y poder ver que la sonrisa había regresado, fue un golpe de opinión definitivo hacia la recomposición.

Después de aquel partido quedó para siempre grabado en la memoria colectiva de los Estados Unidos y del mundo, que el Superdome se mantuvo fuerte, erguido y valiente, soportando el dolor sin derrumbarse, y pudo exteriorizar la alegría después de aquella tragedia.

Hoy New Orleans, al lado de Miami, es la ciudad que más veces ha recibido el Super Bowl, siete en total, y una vez más el Superdome es el epicentro del florecimiento de una ciudad que se niega con altanería a cederle su alma al agua.

Terra