Durante los últimos días ha habido varios perdedores.
Los Acereros, podrían haber sufrido la más dolorosa de las derrotas. Atlanta, Detroit y Cincinnati también cargaron con duros reveses.
Pero nadie ha perdido más a últimas fechas que Mark Sanchez y los Jets de Nueva York.
Mientras los equipos derrotados en la ronda de comodines se lamían las heridas, Mark Sanchez se hacía bolita en el piso, cubriéndose de los golpes incesantes que le llegaban en todas direcciones.
Al parecer, 16 juegos no fueron suficientes. Ahora también lo atacan una vez terminada la campaña.
Sanchez fue acusado por varios de sus “compañeros” de los Jets, de acuerdo a un reporte del New York Daily News. Los alegatos van desde falta de ética (por no decir de puntería), flojera, hasta carencia de liderazgo.
Primero, es un acto irresponsable, por decir lo menos, el publicar una nota de esa índole sin tener una fuente citable. Segundo, en caso de ser cierto, es un acto cobarde de los que declararon pidiendo el anonimato.
No sé quien tiene la razón. Solo se que está claro que si alguna vez Mark fue líder y capitán del equipo, ya no lo es. Perdió el barco. Y Santonio Holmes fue el primero en abandonarlo, aunque tal vez no sea el único.
Seamos claros, Mark Sanchez no es el tipo más inepto. No se llega a la NFL, mucho menos a dos finales de conferencia, sin entrenar, estudiar y tener talento. Sanchez lo tiene.
Pero la certeza de que no iba a ir a la banca le brindó demasiado confort.
Si a eso le sumamos que sus “compañeros” cuestionan sus actividades fuera del campo, desde salir con celebridades (no lo culpo por salir con Kate Upton) hasta andar en sesiones fotográficas semidesnudo. Es difícil respetar a alguien así, y más en los círculos del deportista profesional.
Pero no todo es su culpa. El ataque terrestre del que tanto depende en ese sistema de play actions y bootlegs no existió. El plan de juego de Brian Schottenheimer no siempre lo mantuvo cómodo y Rex Ryan delegó demasiado sus responsabilidades ofensivas para meter en cintura a los rijosos, como Holmes, quien hasta el momento es el otro que ha estado bajo la lupa.
La gente en Nueva York ya está cantándole “Las Golondrinas” a Mark y espera con los brazos abiertos a Peyton Manning.
No sé que tan factible sea la llegada de Peyton a un ambiente evidentemente tóxico como el que se respira en Florham Park. Lo que si me queda claro es que es más factible que un tipo disciplinario y con ofensivas mucho más creativas como Tony Sparano desinfecte ese vestidor y le saque un poco más de jugo a un quarterback que si bien, no es Peyton, tampoco es JaMarcus.
Y ahora si, los ganadores de la ronda divisional.
Nueva Orleáns (13-3) en San Francisco (13-3): Drew Brees está detrás del volante de un Ferrari. Sin más ni más. La ofensiva de los Santos no puede ser descrita de otra forma. La mejor evidencia son los 11 juegos en los que ha anotado al menos 30 puntos esta campaña. Cierto, no se ha enfrentado a una defensiva como la de San Francisco en todo el año, pero a los Gigantes les metió 49, a Chicago 30 y a Green Bay 34 puntos. No es cosa sencilla. El arsenal con el que cuentan en Big Easy es cosa de envidiarse. San Pancho, por su parte, está diseñado a la antigua, un equipo correlón, con una defensiva que hace jugadas y que, sobre todo, tiene mucha disciplina. No es un equipo que se derrote a si mismo, aprovecha los errores del rival y capitaliza, generalmente por conducto de su pateador, que tuvo un año histórico. Pero seamos sinceros, ante un conjunto como los Santos, Akers no es suficiente. Necesitan pisar las diagonales y aún con todas las facilidades que puede dar una defensa vulnerable como la de Nueva Orleáns, Alex Smith no es un pasador que ponga muchos puntos en la pizarra. Frenar por completo a Brees es virtualmente imposible en estos momentos, pero la férrea frontal de los Niners necesita una actuación de antología –y por antología me refiero a algo similar a lo que hicieron los Gigantes con los Pats en el SB XLII- para poder tener una oportunidad. La juventud de San Francisco les va a cobrar factura. Santos por 12.
Denver (8-8) en Nueva Inglaterra (13-3): Tim Tebow, evidentemente, tiene ayuda divina. La mayor de las virtudes que ha demostrado tener es la capacidad de hacer que la defensiva rival juegue su peor partido. Ante los Patriotas eso no es muy complicado, llevan todo el año jugando pal perro, al menos del lado defensivo del balón. Su secundaria es vulnerable, su presión al quarterback es inexistente y su defensiva por tierra es promedio, en el mejor de los casos. La ofensiva de Denver tiene una oportunidad, incluso con Tebow detrás del centro. Pero es en la ofensiva donde la balanza se inclina a favor de los Pats. Tom Brady está saludable. Wes Welker es un “mismatch” para cualquier secundario de Denver y los alas cerradas son un abuso en la zona roja. Demasiada pieza para una defensa que si bien es capaz de llegar al quarterback rival, cojea en muchas otras zonas. Estos dos ya se vieron las caras en campaña regular y Brady y sus muchachos expusieron todas las carencias de la defensiva de Denver con 41 puntos en contra. Una de las pocas oportunidades que tienen los Broncos es que Tom Barbie no se presente por un súbito ataque de hemorroides, cortesía del “creador y salvador” al que tanto saluda Tebow en cada una de sus entrevistas. Poco probable. Pats por 9.
Houston (10-6) en Baltimore (12-4): Los Texanos ya hicieron historia. Ya entraron a playoffs, ya ganaron su primer juego, y ya. Hasta ahí llegaron. Hay una razón por la que nunca le han ganado un partido a los Cuervos y no creo que en enero, las cosas cambien. Los Cuervos deben estar más que satisfechos. Su némesis, Pittsburgh, ya ve los playoffs desde casa y eso les deja abierta la puerta. Obviamente, tampoco pueden hacer confianza. Houston, pese a todas las lesiones, es un equipo peligroso. Posee un ataque terrestre envidiable y suficientes armas aéreas para comprometer a cualquier unidad de la liga. La diferencia está en T.J. Yates. Yates lució ante una defensiva agresiva pero inexperta. No es lo mismo enfrentarse a Domata Peko que Haloti Ngata y eso lo verá casi de inmediato el novato el próximo domingo. Por primera vez en su carrera, Joe Flacco tendrá un juego de playoffs en casa y eso debe ser un gran alivio para el inconsistente pasador de los Cuervos, quien ya ha demostrado que es capaz de ganar en postemporada, pero ahora está obligado a dar un paso extra, especialmente en su estadio. Necesita ayuda. Y no me refiero a algún jugador, sino de su coordinador ofensivo, Cam Cameron, quien ha carecido de balance durante gran parte de la campaña. Cuidado con que los Texanos tomen ventaja, pues la ofensiva de Baltimore se vuelve predecible. No creo que suceda. Baltimore por 7.
NY Gigantes (9-7) en Green Bay (15-1): Estos Gigantes cada vez comienzan a parecerse más a los de hace cuatro años. Entrando de panzazo a la postemporada, jugando su mejor futbol americano en enero y con liderazgo en la defensiva, siendo Justin Tuck quien tomara el papel que dejó vacante el venerable Michael Strahan. En ofensiva, Manning no ha cometido muchos errores, sus “playmakers” están levantando la mano y algo quizá más importante, saben jugar en el frío. Detener a Aaron Rodgers es mas difícil que deletrear Schwarzenegger (yo tuve que copiarlo). Pero las estrellas se están alineando. La línea ofensiva de los Packers no está al 100 por ciento, el sistema de cuatro frontales de los Gigantes (carente de blitzes) es ideal para limitar, no frenar, a Rodgers y el ataque terrestre de Nueva York ha mostrado señales de vida. Por si fuera poco, una situación lamentable ha sucedido en el seno de los Packers, con la muerte del hijo del coordinador ofensivo Joe Philbin, quien posiblemente no esté en las laterales durante el juego. Lamentable la situación más allá de lo deportivo. Pero esas cosas invariablemente tienen efecto dentro del campo. La sorpresa se cocina en la tundra. Gigantes por 3.
La semana pasada: 2-2 (y un corazón roto)
En playoffs: 2-2
En la temporada: 166-93




