
Pobre Brady, tendrá que consolarse con su esposa súper modelo en su mansión de California. Foto: AP.
Ustedes disculpen si no dejo de sonreir. Mucho tiene que ver con la marca de 8-3 a lo largo de los playoffs, pero más tiene que ver con la imagen que ilustra este (no tan) honorable blog.
Pero fuera de cualquier burla, mis respetos para lo que representa la NFL. El Super Bowl es, y por mucho, el espectáculo más grande del deporte. No sólo estadounidense, sino a nivel global. Ya sé que a pocos les importa el juego fuera de Norte América, pero ni una final de Copa del Mundo, ni unos Juegos Olímpicos generan en un lapso de cuatro horas la expectativa generada en ese rectángulo de 120 yardas de largo.
Y pensar que por poco nos perdemos este show por unos cuantos miles de millones de dólares.
En fin, el Super Bowl no decepcionó. Fue tan bueno como fue anunciado, si no es que un poco mejor. Fue un Super Bowl Gigante. Es más, fue un Super Bowl de ELIte.
A principios de la temporada, Eli Manning causó controversia, pero sobre todo risas, cuando declaró que a él se le debería nombrar en el mismo renglón que los Brady, los Brees y los Rodgers. Ahora muchos tenemos la boca llena, tratando de tragarnos lentamente cada una de esas burlas.
Y es que Manning tiene razón. Así, sin más ni más. El muchacho dice la verdad. Pertenece a esos niveles.
Dos anillos de campeonato, dos trofeos de MVP en el juego en el que se reparten todas las canicas, no mienten.
¿Qué llevó a los Gigantes a su segundo campeonato en cuatro años?
La respuesta está en un lugar en medio entre la ejecución y el deseo. Agregue una pizca de fortuna, mucho corazón y revuelva a fuego lento.
Ejecución:
Gigantes hizo las jugadas que los Patriotas no pudieron realizar. Mario Manningham hizo la recepción que Wes Welker no pudo. Eli Manning soportó la presión de los defensivos que a Brady le costó dos puntos. Y sin ponerle de más, en esas tres, cuatro jugadas, se define a un campeón y se rompe un corazón.
Deseo:
Ahmad Bradshaw corrió como pocas veces esta campaña, en verdad. Aunque los números no saltan de la hoja estadística, Bradshaw le dio a Gigantes justo lo que requerían de él. Y lo hizo prácticamente en un sólo pie. Si Rob Gronkowski hubiera replicado ese esfuerzo, pues tal vez no estaría escribiendo con una sonrisa.
Fortuna:
Poner tres veces el balón en el césped. TRES. Y no perder ninguno, es cuestión de mucha fortuna. La famosa suerte del campeón. La única vez que Patriotas recuperó uno de ellos, uno de los castigos más absurdos del deporte (12 hombres en el campo) les costó la posesión. Dos jugadas después, Manning para Cruz, seis puntos.
Corazón:
Primero fue Travis Beckum, quien se destrozó la rodilla a inicios del segundo cuarto. A inicios del último cuarto, Jake Ballard también se lastima la rodilla. Esos son dos alas cerradas menos en los minutos más apremiantes. Manning no dejó que eso fuera un factor. Trabajó sin dos hombres confiables, y aún cuando Belichick hizo un esfuerzo por sacar a Cruz y a Hakeem Nicks del plan de juego, Manning siguió conectando con lo que le daba la defensiva de los Gigantes.
Eli Manning escribió otro enorme capítulo en su legado, dio un grandísimo paso fuera de la sombra de Peyton y se inscribió en la elite de la NFL.
Brady, por otro lado, se acercó más a John Elway que a Joe Montana. Aunque, en verdad, estar cerca de Elway no tiene nada de malo.