Futbol Americano

Resultado/febrero2012


Históricos a cambio de presupuesto

23 feb

Posteado 18:26

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Para todos nosotros, esta época en que los domingos son más aburridos que una jícama sin sal, sólo nos queda ver desde lejos lo que los gerentes generales de nuestro equipo favorito nos preparan de cara a la próxima temporada.

Los gerentes generales deben tener uno de los trabajos más difíciles del mundo, pues no sólo tienen que cuadrar números mejor que contador de político, sino que además lo deben hacer con la tarea de tener a todos contentos.

Sin embargo, al igual que todos los años, eso no será posible.

Por ejemplo, si usted es aficionado de Minnesota (cosa que sinceramente dudo), no estaría muy contento con ver partir a Steve Hutchinson (y seguro que a Adrian Peterson le complacerá todavía menos). Pero son cosas que tienen que hacerse. Su bono de casi 7 millones de dólares para alguien de su edad lo convierten prácticamente en un ex Vikingo.

El de Hutchinson es sólo un ejemplo. Un gran jugador que entregó mucho por una franquicia, ayudando a desarrollar y explotar a uno de los mejores corredores de la NFL. Pero existen muchos, muchos casos de jugadores que podrían emigrar.

El más famoso es el de Peyton Manning, quien tiene un contrato por 23 millones una vez que arranque el “año de la liga”, es decir, el 13 de marzo. Manning, por supuesto, también está en serio peligro de emigrar a terminar su carrera en otro equipo, siempre y cuando la salud se lo permita.

Además, ese es tema para otro blog.

Pero no sólo ellos están en serio, serio peligro de dejar a sus actuales equipos a causa de un contrato que hace algunos años parecía sumamente jugoso.

Otros jugadores que podrían estar buscando nueva casa debido a bonos o salarios son: Terrence Newman (Dallas), Antoine Winfield (Minnesota), Chris Cooley (Washington).

Y para todos aquellos aficionados de los Raiders, no hay que malacostumbrarlos, así que hay que seguirlos alimentando con malas noticias: Aaron Curry, Rolando McClain, Kamerion Wimbley y Tommy Kelly tienen jugosos contratos y de no reestructurar, más de uno habrá jugado su último down vestido de negro y plata.

Pero en este año en particular hay dos casos que tienen un peso histórico mucho mayor.

Dos receptores. Dos históricos. Dos campeones. Dos veteranos atrapados en un equipo rodeado de talento joven en la posición.

AP.

Esta podría ser la última imagen de Hines Ward con los Steelers. Foto: AP.

Hines Ward y Donald Driver. Dos receptores con carreras paralelas y que podrían tener, de la misma forma, un final similar. Al menos en lo que se refiere a su trayectoria con sus franquicias.

Ward tiene un año más de contrato por cuatro millones de dólares. Sin embargo, ante el surgimiento de Mike Wallace, Antonio Brown y Emmanuel Sanders, “Sonrisas” se encontró hacia el final de la campaña batallando para siquiera entrar al campo, ya no digamos recibir pases.

Hines es el líder histórico en la mayoría de las categorías en la posición para el equipo. Tiene un MVP de Super Bowl, dos anillos, cuatro Pro Bowls y próximamente un lugar en Canton. No será sencillo verlo partir. No sólo para los aficionados de Pittsburgh, sino para cualquiera con dos dedos de frente.

El caso de Driver es espeluznantemente similar. Un líder de la franquicia, no sólo en números, sino en el vestuario, un jugador respetado por todos en la NFL y que paulatinamente dejó de aparecer en el radar de los pases de Aaron Rodgers. Al igual que Ward, Driver tiene dos sortijas de Super Bowl, varios records con los Packers y un salario que le imposibilita el mantenerse en Green Bay.

Es bien fácil, como aficionado, pedirles que se retiren y no “ensucien” su legado como Emmit Smith, Joe Montana o Franco Harris. Es lógico que uno no quiera verlos con otro uniforme. Pero pedirle eso a un atleta, que toda la vida ha sido impulsado por la competencia, es perder el tiempo.

Analizando los galardones de la NFL

16 feb

Posteado 20:01

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Cortez Kennedy, un rayo de esperanza para Jevon Kearse y misceláneos /AP

Cortez Kennedy, un rayo de esperanza para Jevon Kearse y misceláneos /AP

Sí, sí, ya sé que este no es un tema reciente ni mucho menos. Pero luego de ver a los galardonados, peor aún, a los inducidos en el Salón de la Fama. No podía quedarme callado.

Han pasado dos semanas en las que pude descargar mi ira de alguna otra manera.

No funcionó.

Sigo enojado. O más bien, sigo preguntándome que le ponen al café en las reuniones del Comité del Salón de la Fama. Lo que sea que le pongan, yo quiero de eso.

La única explicación que encuentro es que los votantes no están en sus cabales, de lo contrario, no encuentro una explicación a estos premios. Y eso sí me haría enojar, y mucho.

Tampoco quiero que se me vea como un amargado (aunque lo sea). No fallaron en todos, pero, vamos, incluso Mark Sanchez completa un pase de vez en cuando.

Ahora, sí, vamos por partes.

Jugador Defensivo del Año: Terrell Suggs

Se pasaron de creativos. Estoy seguro que utilizaron el mismo sistema que un profesor que tenía en la prepa: Cerrar los ojos y apuntar a un nombre en la lista. Suggs no fue ni siquiera el mejor defensivo de su equipo (Ngata), mucho menos de la Conferencia, y juro por el osito de cierta panadería que no estuvo entre los cinco mejores defensivos de la NFL. Los votantes le deben una disculpa, con el bono correspondiente, a: Jason Pierre-Paul, Jared Allen, DeMarcus Ware, Justin Smith y Darrelle Revis.

Novato Defensivo del Año: Von Miller

Nada en contra de Von Miller. El tipo va a ser una estrella por muchos, muchos años. Tendrá un impacto muy grande en la NFL. El tipo sabe jugar. Pero que me caiga un trueno si Miller fue el mejor novato defensivo. Miller fue el mejor jugador en lo que fuera la defensiva 23 de la NFL (no, no es un error de dedo, la número veintitrés) y compiló 11.5 capturas. ¿Y qué hay de uno de los causantes de la transformación de San Francisco? Aldon Smith fue mucho más importante en la segunda mejor defensiva de la liga. Transformó a la unidad y los números lo respaldan con sus 14 capturas y un juego demoledor al interior de la línea. No hay justicia cuando se ponen a competir popularidad vs. eficiencia.

Retorno del Año: Matthew Stafford

Volvemos a lo mismo. ¿Ya ven que no era el único que no le daba crédito a los 49ers? Stafford tuvo un año memorable, hizo lo impensable al guiar a los Leones a playoffs. Pero esa chamba es mucho más sencilla cuando tienes a Megatron corriendo rutas. Alex Smith no tiene ese lujo. Alex Smith no era un paria de la NFL ni estaba jugando su última ficha en la liga. Con todo respeto, creo que ahora si le jugaron al Hermano Lelo… y perdieron.

MVP: Aaron Rodgers

No hay discusión aquí. Rodgers fue, por mucho, el Jugador Más Valioso para su equipo. Comandó a los Packers a un registro de 15-1 (aunque uno de esos triunfos vino cortesía de Matt Flynn y la defensa de los Leones). Rodgers tuvo un año mágico, aún con lo complicado que es poner una marca así como campeón defensor y con un blanco en la espalda.

Jugador Ofensivo del Año: Drew Brees

Aquí tampoco se necesitaba ser físico nuclear o jefe (ya ven que esos nunca se equivocan), para darse cuenta que un jugador que pulveriza el récord de yardas por pase en una campaña (5476 yardas) y que comanda a la mejor ofensiva en yardas de la NFL, merece el premio. Repito, si hasta Ted Williams ponchó a un bateador, que los del Comité no le atinen a uno.

Novato Ofensivo del Año: Cameron Newton

Bueno, hasta ahorita, los votantes tienen buen porcentaje de bateo. Pero la cosa se pone interesante más adelante. La verdad es que Newton cumplió con todo lo que se esperaba de él y un poco más. En una fuerte generación de novatos en los que A.J. Green, Julio Jones y Andy Dalton también merecían mucha consideración, fue Newton el que los llevó de calle. Y con justa razón se lleva el premio a casa.

Coach del Año: Jim Harbaugh

Bueno, bueno. En retrospectiva, creo que los votantes no están tan mal. Hasta un reloj descompuesto da la hora correcta dos veces al día.

Y ahora viene lo mejor.

Los votantes y miembros del Comité de Elección al Salón de la Fama, estarán bajo el influjo de enervantes, pero tontos, tontos, lo que se dice tontos, no son. Revelan el resultado de sus votaciones un día antes del Super Bowl, para que al otro día nadie se acuerde de sus barrabasadas. Pero yo tengo memoria de elefante y sí me acuerdo y me siento ofendido.

Todo el sistema de votación está mal. Desde que se dieron a conocer los 10 finalistas, algo olía raro. No concibo como es que Aeneas Williams haya pasado el corte a los 10 finales y Steve Atwater o Kart Mecklenburg no.

Aeneas Williams fue un buen esquinero, pero ni cerca de ser inmortalizable. El highlight de su carrera fue borrarle el casete a Steve Young por última vez en su brillante trayectoria. Nada más. En cambio Atwater era un animal, pegaba como pocos y hacía muchas, muchas jugadas en aquella secundaria de los Broncos de los 80.

No concibo como es que la gente puede pensar que Williams pertenece al mismo renglón que Rod Woodson o Deion Sanders. Es una grosería.

Ya en los finalistas, hubo madera que sí conectó la bola de forma solida. Curtis Martin, Dermontti Dawson y Willie Roaf son indiscutibles miembros del Salón de la Fama.

Pero. ¡¿Chris Doleman?! ¡¿Cortez Kennedy?! ¿En serio?

Doleman y Kennedy son el motivo principal de este blog. Es una aberración que estén en el Salón de la Fama. Tal vez en una generación floja, hubieran entrado. Pero dejar fuera a Charles Haley (único jugador con cinco sortijas de Super Bowl), a Chris Carter o Kevin Greene es una %&()=(@. He dicho.

Haley revolucionó la posición de ala defensiva. Fue FACTOR en al menos tres de los cinco equipos con los que salió campeón, pero –al igual que con Carter- el comité está evaluando su comportamiento extra cancha.

Si, Haley no era precisamente el mejor amigo de la prensa. Si, Haley tenía comportamientos erráticos, por decir lo menos (defecaba en los cascos). Pero es un hall of famer hecho y derecho. Mismo caso con Carter. Uno sabe cuando está viendo a un inmortal y las recepciones que hizo Carter son inmortales, sin importar si uso cocaína o no.

Doleman era muy, muy bueno, pero tenía jugando a su lado a John Randle. Tuvo una enorme campaña en 1989 (21 capturas), promedió 10 capturas al año durante su carrera. Fue dos veces All Pro. Pero nunca tuvo un impacto real en la liga. Sus equipos nunca ganaron nada y un gran año no te convierte en Hall of Famer. De lo contrario, Jevon Kearse podría aspirar a visitar Canton.

Y lo mismo se podía decir de Kennedy: 14 capturas en 1992 y 44 el resto de sus nueve años en la liga. No hay mucho que se pueda hacer para defender su caso. Kennedy nunca fue parte de una defensiva memorable o una pared en la posición de tacle defensivo. Lo unico que es ahora Cortez Kennedy, es un referente y una esperanza para jugadores como Warren Sapp (quien por cierto, lo merece más que el mismo Kennedy.

Ahora díganme que alguno de ellos merecía más estar en Canton en lugar de Haley, Carter o Greene.

Análisis del Super Bowl XLVI

9 feb

Posteado 17:22

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AP.

Pobre Brady, tendrá que consolarse con su esposa súper modelo en su mansión de California. Foto: AP.

Ustedes disculpen si no dejo de sonreir. Mucho tiene que ver con la marca de 8-3 a lo largo de los playoffs, pero más tiene que ver con la imagen que ilustra este (no tan) honorable blog.

Pero fuera de cualquier burla, mis respetos para lo que representa la NFL. El Super Bowl es, y por mucho, el espectáculo más grande del deporte. No sólo estadounidense, sino a nivel global. Ya sé que a pocos les importa el juego fuera de Norte América, pero ni una final de Copa del Mundo, ni unos Juegos Olímpicos generan en un lapso de cuatro horas la expectativa generada en ese rectángulo de 120 yardas de largo.

Y pensar que por poco nos perdemos este show por unos cuantos miles de millones de dólares.

En fin, el Super Bowl no decepcionó. Fue tan bueno como fue anunciado, si no es que un poco mejor. Fue un Super Bowl Gigante. Es más, fue un Super Bowl de ELIte.

A principios de la temporada, Eli Manning causó controversia, pero sobre todo risas, cuando declaró que a él se le debería nombrar en el mismo renglón que los Brady, los Brees y los Rodgers. Ahora muchos tenemos la boca llena, tratando de tragarnos lentamente cada una de esas burlas.

Y es que Manning tiene razón. Así, sin más ni más. El muchacho dice la verdad. Pertenece a esos niveles.

Dos anillos de campeonato, dos trofeos de MVP en el juego en el que se reparten todas las canicas, no mienten.

¿Qué llevó a los Gigantes a su segundo campeonato en cuatro años?

La respuesta está en un lugar en medio entre la ejecución y el deseo. Agregue una pizca de fortuna, mucho corazón y revuelva a fuego lento.

Ejecución:

Gigantes hizo las jugadas que los Patriotas no pudieron realizar. Mario Manningham hizo la recepción que Wes Welker no pudo. Eli Manning soportó la presión de los defensivos que a Brady le costó dos puntos. Y sin ponerle de más, en esas tres, cuatro jugadas, se define a un campeón y se rompe un corazón.

Deseo:

Ahmad Bradshaw corrió como pocas veces esta campaña, en verdad. Aunque los números no saltan de la hoja estadística, Bradshaw le dio a Gigantes justo lo que requerían de él. Y lo hizo prácticamente en un sólo pie. Si Rob Gronkowski hubiera replicado ese esfuerzo, pues tal vez no estaría escribiendo con una sonrisa.

Fortuna:

Poner tres veces el balón en el césped. TRES. Y no perder ninguno, es cuestión de mucha fortuna. La famosa suerte del campeón. La única vez que Patriotas recuperó uno de ellos, uno de los castigos más absurdos del deporte (12 hombres en el campo) les costó la posesión. Dos jugadas después, Manning para Cruz, seis puntos.

Corazón:

Primero fue Travis Beckum, quien se destrozó la rodilla a inicios del segundo cuarto. A inicios del último cuarto, Jake Ballard también se lastima la rodilla. Esos son dos alas cerradas menos en los minutos más apremiantes. Manning no dejó que eso fuera un factor. Trabajó sin dos hombres confiables, y aún cuando Belichick hizo un esfuerzo por sacar a Cruz y a Hakeem Nicks del plan de juego, Manning siguió conectando con lo que le daba la defensiva de los Gigantes.

Eli Manning escribió otro enorme capítulo en su legado, dio un grandísimo paso fuera de la sombra de Peyton y se inscribió en la elite de la NFL.

Brady, por otro lado, se acercó más a John Elway que a Joe Montana. Aunque, en verdad, estar cerca de Elway no tiene nada de malo.

Pronóstico para el Super Bowl XLVI

1 feb

Posteado 21:29

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AP

"No, no quiero oír los pronósticos de León" / Foto: AP

Durante la semana del Super Bowl se venden más televisiones en Estados Unidos que durante cualquier otro periodo de siete días del año.

Después de ver a los que salen en la TV, diciendo cualquier burrada (especialmente el día de medios) créanme, a mi también me dan ganas de vender la mía.

Y no es para menos, en esta semana, todo el mundo anda hablando de si Víctor Cruz baila salsa, que si las encueratrices transformadas en reporteras o lo guapo que es Tom Brady.

¿Y el juego?  Bien, gracias.

Pues no en este espacio. Aquí va con lujo de detalle quien ganará el Super Bowl XLVI.

NY Gigantes vs Nueva Inglaterra: Antes que cualquier otra cosa, veamos como es que llegan ambos equipos al gran juego.

Nueva York llega como el equipo caliente, enrachado y con la confianza en alto. Confianza bien ganada luego de superar con claridad a equipos que en teoría no debería vencer. Ante la percepción pública, los Gigantes no tienen nada que perder.

Los Patriotas, por otro lado, llegan como el obligado a demostrar porqué están en pos de su cuarto cetro. Tienen todas las piezas, entre ellas a uno de los mejores quarterbacks en la historia (esperen, dejen voy a azotarme con un alambre de púas). Y a uno de los coaches más grandes. Nueva Inglaterra avanzó superando al equipo que tenía que vencer y luego haciendo de la fortuna su mejor amiga en el duelo ante Baltimore. De no ser por las manos de mantequilla de Lee Evans o la mira desviada de Billy Cundiff, la historia sería otra. Ahora, ya en el máximo escenario, Nueva Inglaterra tiene cuentas pendientes.

Ahora, ya con ambos equipos a Indianápolis, hay varios factores a considerar. Pero históricamente, hay uno que ha probado ser prácticamente infalible. Y es la actitud en el día de medios del martes.

Aún con todo el deplorable circo en el que se ha convertido el Día de Medios, históricamente el equipo relajado, que se divierte con los payasos de la prensa, es el que el domingo, por ahí de las 21:30 horas, reanuda los festejos. Aquel equipo que toma las cosas demasiado en serio, que está demasiado enfocado en el juego, mantiene la seriedad durante un largo receso hasta el inicio de la nueva campaña. Punto para Gigantes.

Ahora, siguiendo con los factores externos, las lesiones. Una parte del juego que todos quisieran evitar, y en esta semana en particular, los Patriotas desearían que no existieran.

A estas alturas de la temporada, no hay un jugador que esté 100 por ciento sano, si dice lo contrario, miente como político en campaña. No hay de otra.

Y ahora a los Patriotas les ha tocado bailar con la más fea. Uno de sus jugadores principales, un arma letal en zona roja y que se ha convertido en la frazada de seguridad de Tom Brady, como lo es Rob Gronkowski, no ha entrenado en 10 días y las expectativas de que participe en el encuentro no son precisamente alentadoras.

En contraparte, los Gigantes no cuentan con una ausencia de consideración. Si bien Ahmad Bradshaw ha estado limitado en las prácticas, lo más probable es que salga al emparrillado, y aunque no lo hiciera, su ausencia no es más significativa para los Gigantes de lo que es la de Gronkowski para los Pats.

Ya en lo referente al juego, no es noticia dar a conocer que ambos equipos están muy parejos. La fortaleza de uno es la debilidad del otro y viceversa. Patriotas cuenta con un poderoso ataque. La defensiva de los Gigantes es envidiable. Cosas que, creo, ya todos sabíamos.

Ahora, la pregunta es: ¿quién podrá esconder mejor sus debilidades?

Hace un par de semanas, la defensiva de los Patriotas, en especial Vince Wilfork, dieron un excelente encuentro, presionaron al quarterback, sacaron de ritmo a Joe Flacco y estuvieron atentos y oportunos en las coberturas.

Por otro lado, el ataque de los Gigantes dista mucho de ser el de alto octanaje de los Patriotas, sin embargo, Eli Manning ha lucido enormidades en los playoffs, y su rating de 108.7 con ocho touchdowns y una sola intercepción es argumento suficiente para acabar con el debate de si la ofensiva de Nueva York es capaz de competirle a la defensiva 31 de la NFL.

La defensiva de los Gigantes es feroz y agresiva en sus siete frontales. Rápida e inteligente. Capaz de golpear, apresurar y espantar a Brady o cualquier otro pasador de la NFL. Sin embargo, en su secundaria es vulnerable. La trinchera tendrá mayor énfasis en un encuentro en donde el campeonato bien puede decidirse en el tiempo que tenga Brady para lanzar el balón.

Patriotas y Gigantes saben de primera mano que ese duelo es capaz de decidir un título, como lo sucedido en 2007.

La defensiva ha brillado en la postemporada, ha sido capaz de anular a poderosos ataques como los de Atlanta, Green Bay o Nueva Orleáns, y en menor medida Pittsburgh y Baltimore.

En el Super Bowl, no es la excepción, y de hecho, en las últimas tres ediciones del Super Domingo se han registrado intercepciones devueltas a touchdown y no es sorpresa que todos los tres equipos que lo han logrado, han besado el Lombardi al término del encuentro.

La defensa seguirá imponiendo condiciones.

NY Gigantes 23-21 Nueva Inglaterra

perfil do autor

León Girón es egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y nuestro experto en NFL. Ha cubierto no sólo partidos de temporada regular sino varios Super Bowls.




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