Fútbol

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21 de mayo de 2012 • 05:37 PM • actualizado el 22 de mayo de 2012 a las 11:51 AM

¿Quién dijo que los penales son una lotería?

Didier Drogba anota el penal definitivo en la final de la Champions. AFP PHOTO / PATRIK STOLLARZ (Photo credit should read PATRIK STOLLARZ/AFP/GettyImages)
Foto: Getty Images
 

Hay mentiras que de tanto repetirlas se terminan convirtiendo en verdad, sin embargo, la creencia popular no puede transformar una tesis falsa en verdadera, simplemente porque la masa la incorpora a su índice de navegación.

Los penales no son una lotería, son por el contrario parte integral del fútbol, una parte fundamental y palpable al igual que la pared, el laboratorio, el corner o el cabezazo. Y al igual que los demás fundamentos básicos, se entrena y se perfecciona hasta llegar a dominarlo.

Dicen que las disculpas son el escudo del cobarde, y parece que un cobarde en alguna tarde gris de fútbol acomodó esta frase sin fundamento a la falta de capacidad para definir lo que, en condiciones normales, debió haber sido gol y título. Un periodista lo escuchó y le gustó, lo difundió y depronto la aldea global del fútbol se apegó a la facilista sentencia de: 'perdimos en la lotería de los penales'.

Hay cosas más difíciles de hacer en el fútbol que anotar un penal, marcar un gol de tiro libre a 30 metros, con media docena de hombres corpulentos a sólo nueve metros y un portero agazapado bajo los tres postes esperando es mucho más complicado.

Navegar con éxito entre un mar de piernas que se lanzan como felinos a cazar a la presa que porta el balón en su entrada al área, y definir con sutileza al palo opuesto de un arquero de 195 centímetros que achica la puerta a su mínima expresión, es una tarea titánica.

No comprendo la razón por la que un jugador es justificado por fallar un penal en la tanda que define un partido después de los tiempos extra, y no es así cuando erra durante los 90 minutos. Jamás escuché a nadie decir que Palermo falló tres penales frente a Colombia en la Copa América de Paraguay, porque eran una 'lotería'.

El justificativo de la presión sicológica bajo la cual está el jugador a la hora de ejecutar un penal tiene su porcentaje de razón, pero no menos cierto es que un atacante que se encamina a enfrentar a un portero en el mano a mano, con 90 mil personas rugiendo, la pelota en movimiento, los defensores acechando y milésimas de segundo para tomar una decisión acertada, ejercen tanta o más presión. Acaso todas las jugadas con opción real de gol en el fútbol son una lotería.

Cuando un futbolista falla un penal sufre una carencia de fundamento técnico en esa ejecución, y se deja ganar por la presión sicológica de un momento de verdad.

Adam Vinatieri estará en el Hall de la Fama de la NFL por la sencilla razón de hacer su trabajo con una técnica perfecta y sin dejarse ganar de los nervios, en el equivalente a una definición por penales en la final de un mundial. 

Nunca he escuchado que en otra profesión exista el margen de echar a perder una inversión millonaria porque la acción ejecutada era una 'lotería'. El médico, el piloto, el ingeniero, el contador no tienen esta opción, si fallan, el paciente muere, el avión se estrella, el edificio colapsa y  la empresa quiebra.

Jamás entenderé el término de la 'lotería de los penales', me rehuso a hacerlo por varias razones.

La primera es que el jugador es un profesional que se entrena a diario para ejecutar a cabalidad sus responsabilidades, anotar el penal es parte vital de su responsabilidad.

Un penal bien ejecutado siempre será gol, la ecuación física y matemática es simple. Un balón disparado a más de 100 kilómetros por hora a la base del poste o a la cruceta, no puede ser detenido por ningún portero.

En ninguna otra acción de un partido un jugador tiene la posibilidad de contar con todo a su favor y nada en su contra. El balón está detenido, la distancia a puerta es mínima, tiene tiempo de pensar y decidir donde quiere lanzar su disparo, no hay ningún rival que amenace su ejecución, puede detenerse antes de cobrar, el portero no puede adelantarse. Es como darle a un cazador un rifle cargado y ponerle a doce pasos un elefante dormido, no puede fallar, la única opción es que los nervios le ganen.

No estoy diciendo con esto que un penal sea imposible de fallar, lo único que no podré entender es que no se le juzgue igual, e incluso con mayor severidad, a un rematador que desperdicia un penal, que a uno que falla en una jugada de acción de juego.

Lotería es jugar contra millones de personas con seís números y ganarle a todos, no es fusilar a un portero indefenso a doce pasos.

Terra Terra Terra